lunes, 1 de junio de 2026

Catilinaria I


El propósito de las Catilinarias.


Desde el principio de esta campaña electoral decidí quedarme al margen y no opinar. En la campaña del 2022 —salvo por una suerte de artículos que felizmente pasaron desapercibidos— dejé esa aprehensión y participé activamente. Sobra decir que el gobierno del cambio se instaló y yo continué con mi vida. Sin embargo, a raíz de los últimos acontecimientos donde le falló el cálculo político al Pacto y su candidato, me veo obligado a aportar de la única manera que sé: desde el editorial de un blog. Decidí resistir desde la palabra y dejar este testimonio por un país mejor que está amenazado por un payaso que, delirante en su ego, le importa tres pesos el gobierno que puede administrar durante el próximo cuatrenio. Decidí, desde la palabra escrita, no convencer a nadie porque vote por el Pacto, sino reflexionar a través de estas líneas sobre el país en que podemos convertirnos en caso de elegir mal. Elegir peor. A veintiún días de la segunda vuelta, como un esfuerzo personal y desobligado, sin que nadie me lo pida y sin recibir un peso, decidí tomar la pluma y discurrir a través de la literatura sobre ese otro país, esa otra mitad de diez millones de votantes, que puede entregarle a un megalómano el destino de millones de ciudadanos. 


La decisión fue fácil, casi simultánea al ver el resultado de los escrutinios. Estamos en una posición donde no podemos ser tibios ni indiferentes: se trata de fijar una posición e intentar, de alguna forma, vislumbrar el país que nos puede traer un abogado nefasto que presuntamente se especializó en estafar a mafiosos, robar a ladrones y defender a delincuentes. Ante esa perspectiva aciaga en que nos encontramos comprometidos, cualquier apoyo es crucial para dirigirse al otro que votó por él equivocadamente o sin pensar y mostrarle, por la filigrana de la escritura, las posibles consecuencias de su actuar. En ese propósito me alisto para contender desde mi escritorio. Más allá de Petro y su gestión como gobernante, de sus aciertos y desaciertos, de sus desencuentros con la prensa y los diversos actores gubernamentales que lo resisten con razón o sin ella, quiero hacer entender a aquel que está al otro lado del espectro que su voto equivocado nos puede llevar a un desbarrancadero similar al de principios de siglo, cuando la muerte se enseñoreó de la razón y llevó a los agentes armados legales del Estado a sacrificar a jóvenes inocentes por la sed de sangre del innombrable y su partido político que oficia como si fuera una secta.


En ese propósito me embarco hoy: escribir 21 artículos sobre la elección equivocada que nos puede llevar al retraso, al pasado doloroso de destrucción y encubrimiento del cual habíamos salido. Ruego por mi bien y el de millones que estas palabras encuentren eco y, de alguna forma, nos ayuden a seguir en la senda de cambio que Petro ha abierto.


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